Joaquín,
ingresa al aula un tanto apurado, empuja cualquier cosa que esté en contra de
él o que le impida llegar a su silla. Sí, su silla, ya que es el único que
tiene una silla especial, la última casi al fondo en el salón. Miss Flor,
indica que todos deben trabajar con las maquetas que trajo, una especie de
sistemas planetarios. Joaquín, no se inmuta de mi presencia y prosigue con lo
dicho por la profesora. Es una especie de maqueta – rompecabezas, donde Joaquín
termina mucho antes que sus compañeros. Luego este se acerca donde uno de sus
compañeros y le quita la maqueta. El otro niño, no sabe cómo reaccionar y solo
llora. Joaquín no escucha nada, ni el llanto del otro alumno, ni se inmuta, es
casi de hierro y continúa. Ha terminado ya la segunda maqueta. Miss Flor al
escuchar al otro niño llorando, se dirige donde Joaquín y le pregunta que pasó.
Joaquín se queda callado y le sonríe, la profesora también sonríe, es
inevitable yo también sonrío. Miss Flor, le pide que devuelva la maqueta a su
compañero de aula, Joaquín vuelve a sonreír y se acerca donde el otro niño (este
deja de llorar). Toma, dice Joaquín con una voz aún débil. El otro niño sonríe,
abandonando el silencio. La Miss Flor, prosigue con la clase y explica una
serie de números con figuras de frutas. Joaquín, no hace caso alguno de eso, lo
omite. Es como si no estuviera en el aula. Cruzamos miradas, no me dice nada. Otra
vez cruzamos miradas, me sonríe, sonrío y bajo la mirada para que no me
pregunte del porqué de mi visita. Miss Flor, se da cuenta que Joaquín no está
en sinfonía con sus compañeros y para la orquesta para acercarse donde él y
preguntarle que es lo que sucede, el solo sonríe. La profesora lo lleva de la
mano al círculo que han formado ya los otros niños mientras Joaquín camina observándome
detenidamente, miro hacia las ventanas para no llamar su atención. La profesora
lo apresura un tanto, llegan al círculo, empiezan con una canción, todos ríen,
menos Joaquín. Tiene la mirada un tanto extraviada, como si no se hallara aquí,
toca el timbre de recreo y Joaquín despierta de ese letargo y sonríe, guardo
mis cosas es hora de irme. Todos los niños sacan sus loncheras. Ya estoy por
salir del aula, pero siento que algo jala la tira de mi mochila, giro la
cabeza, es Joaquín. En una mano tiene un planeta me lo da, lo guardo en mi bolsillo
sin que Miss Flor se de cuenta. Es el planeta Marte, Dios de la guerra, pienso
mientras regreso a casa.
2 comentarios:
Me suena mucho esto que cuentas, por mi trabajo conozco a muchos como él, entran sigilosamente en nosotros, se acomodan y nos roban el corazón. Sus miradas perdidas, sus hechos incontralables, su mundo...
Te felicito por esta entrada.
Saludos.
Sí, estuve conversando con Joaquín es algo intrínseco. Tiene todo un universo enigmático dentro de él. Debe ser un índigo o Asperger.
Saludos.
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