lunes, 9 de agosto de 2010
Se busca.
La enfermedad se me hace mas plancetera
que el desorden humano que existe en mí.
Y tengo miedo, siempre lo tuve.
martes, 27 de julio de 2010
t r e s
-"...La vida nos lleva a donde sea..."
-Lo sé, es a donde vamos.
-Solo bromeaba. Cantaba una vieja canción.
-Lo sé, es a donde vamos.
-Solo bromeaba. Cantaba una vieja canción.
domingo, 30 de mayo de 2010
Esperanza
Sueños donde debes tergiversar.
Ubicas cielo en tus dedos, ojeras bajo tus insanias
por que el viejo reflejo adormece tus mejillas,
cubres tus rostros cada cual por cada dia
L u n e s M a r t e s M i e r c o l e s J u e v e s V i e r n e s S á b a d o
No existe
¿Lo sabes?
Mientes, por que las verdades son costumbres en tus ojos.¿Lo sabes?
Parpadeas como el cielo cuando quiebra; y lo sabes, lo sabes muy bien.
Por que hoy no quieres llorar, no quieres sentir arcadas en ese pecho matriz sin Esperanza.
Por que las náuseas son de un corazón que se agota, se agota como agua entre tus labios.
----------------------------------------------------------A ¿Lo puedes ver?
-------N----------------------------------------------- R
---------O -------------------------------------------E
-----------D ---------------------------------------L
-------------E----------------------------------- A
---------------B------------------------------- C
-----------------E ---------------------------S
-------------------S ESCAPAR -> Sube la E
Son ciegos los testigos de estas noches, de estos días
que desisten como en sueños de simple a-f(l)icción entre narcóticos
que pensar bien hoy, no es simple ventura
que desisten como en sueños de simple a-f(l)icción entre narcóticos
que pensar bien hoy, no es simple ventura
reír
sentir
vivir
sentir
vivir
Tomar la vida dejar en el tourneé de:
buscar
buscar
buscar
ENCONTRAR
Y la puerta aún golpea.
No sientes miedo y golpea constantemente;
y aún no sientes miedo.
buscar
buscar
buscar
ENCONTRAR
Y la puerta aún golpea.
No sientes miedo y golpea constantemente;
y aún no sientes miedo.
P UERTA
Escondido bajo el lupanar.
Escondido bajo el lupanar.
Figura abstracta: mi mente.
Se dirige vagando en este vértigo terrenal, donde existe aún el aroma de Esperanza.
Esperanza fue una buena tipa... llegué a conocerla(sonríes mientras recuerdas)
Lo sé, lo sé, lo sé, lo ...
Conversamos y tomamos un buen té, quizás dos, aún no lo recuerdo del todo, vuelves a sonreír.
Solíamos pasear,decías entre el comezón de tus labios al sonreír; por que ella era costumbre entre tus hombros que cogía de tus brazos.
Esperanza brillaba en el ojo iris de sus pasos.
Esperanza estuvo perdida, pero yo la encontré; llegó en una de esas noches donde el color caía en entre mis ojeras, tal vez ojos caídos que incendiaban el rojo de su cuerpo.
Esperanza fue una buena tipa que no olvidaré.
Se dirige vagando en este vértigo terrenal, donde existe aún el aroma de Esperanza.
Esperanza fue una buena tipa... llegué a conocerla(sonríes mientras recuerdas)
Lo sé, lo sé, lo sé, lo ...
Conversamos y tomamos un buen té, quizás dos, aún no lo recuerdo del todo, vuelves a sonreír.
Solíamos pasear,decías entre el comezón de tus labios al sonreír; por que ella era costumbre entre tus hombros que cogía de tus brazos.
Esperanza brillaba en el ojo iris de sus pasos.
Esperanza estuvo perdida, pero yo la encontré; llegó en una de esas noches donde el color caía en entre mis ojeras, tal vez ojos caídos que incendiaban el rojo de su cuerpo.
Esperanza fue una buena tipa que no olvidaré.
Murió
murió
Q.E.P.D
murió
Q.E.P.D
Recuerdo el color de sus letras cuando en mañanas aún llegaba a mi. Ella iba trayendo el viejo té olor a ropa sucia que solía supervisar.
Llevaba puesto los cabellos en la cintura, para no descansar. Caminar junto a mi, coger mis brazos y volver a empezar. Esperanza murió, murió, lo dije: Fue una buena tipa que no olvidaré.
Llevaba puesto los cabellos en la cintura, para no descansar. Caminar junto a mi, coger mis brazos y volver a empezar. Esperanza murió, murió, lo dije: Fue una buena tipa que no olvidaré.
martes, 30 de marzo de 2010
Lid.
-Siempre supiste que no debias de seguir.
La habitación iba apropiando el olor de sus agajes, des sus ojos pardos que lo condujieron negruscamente a perderse en si.
-¿Ves lo que hiciste?. Su piel ahora va perdiendo el brillo que tanto amaste.
-¡Cállate! tú no entiendes y tampoco yo lo quiero hacer.
-Julián, debes de calmarte, es mejor apresurarnos y tratar de olvidar todo esto.
-¡Lo sé! ¡Lo sé! Pero no puedo hacer nada, mis manos tiemblan al rozar su cuerpo y ya no puedo verla a los ojos tan facilmente.
La habitación marchita, se incendiaba bajo el sol que escapaba de los ojos de un Julián afligido, que permanecía sentado, abrazando sus piernas tal vez destino que temblaban al rozar el viento sobre sus pupilas casi muertas, que esperaban el sentido de sus dedos tiznados de ese matiz rojo que iba oscureciando aún más su alma.
-Te advertí de todo esto; y tu lo sabes muy bien Julián.
-Supuse que me rentendrías para no hacerlo, por que tú tambien la amabas, pero claro tú siempre abandonándome cuando todo va perdiendo el control.
-Sabes muy bien que los dos la amábamos, pero tus actos no se excluyen a los mios. Supiste desde un principio que esto ocurriría, en realidad lo supimos los dos, pero tu no diste marcha atrás y yo no pude hacer nada.
-Tal vez fuiste tú el que ideo todo esto.
-No sabes lo que dices, todo esto te está confundiendo.
-Tienes razón, se sabe muy poco del todo. Y tú no das cuenta de eso.
-Julián, confundes las cosas demasiado rápido.
-¡Cállate! no vuelvas a pronunciar mi nombre. Crees saberlo todo pero en realidad no sabes lo que está pasando ahora.
-Te equivocas Jul... perdona, ambos sabemos lo que está pasando ahora.
-¡Cállate! no vuelvas a repetir una sola palabra. Siempre creiste que eras el inusitado, el pasmoso frente a todos. ¡Pero no! No eres mas que un simple remedo mio.
Los gritos desperados de un Julián irreverente, de no querer escuchar una sola palabra de Andrés; despertaron el ambiente de una tarde que escondía sus últimos fulgores dejando un aire adormecido que se hacía ya sentir.
Empezaron a tocar la puerta, y casi por instinto Julián sollozo en medio de su soledad, en medio de la habitación, en medio del dolor. Lloro en medio de ese destino que llevaba cuerpo y alma en sangre, que esparcida por los suelos vulneraba aún más sus ojos. De ese destino que el parecia ver desconocido pero que lleva aún el nombre de Sofía.
La policía forcejeo la puerta súbitamente, encontrando a Julián casi aturdido, que confundía sus plabras con los días, confundía a una Sofía aún viva y no ensangrentada por los delirios del que fue su amante. Lloraba y a la vez reía, preguntaba aún por ella, por la cena que aún servida se dejaba ver al fondo de la mesa. Julián solo gritaba el nombre de Andrés.
-¿Lo ves? ¡siempre es lo mismo! ¡Andrés me escuchas!. Sé que estás ahi no hace falta que te escondas, sé que puedes oirme, no eres más que un simple remedo de mi persona. Sí, eso es lo que eres. ¡un simple remedo mío!
Los agentes se encontraron con el cuerpo de Sofía, que aún no perdía el brillo que Julián tanto amaba. Confundidos escuchaban los gritos arraigados que Julían repetía.
-¡Andrés! ¿Por que te escondes?. ¿Tienes miedo? lo puedo sentir. ¡Andrés! ¿Donde estás? ¡Andrés!
Los agentes trataron de contener a Julián que arremetia contra todos; entre sollozos y risas, entre gritos descontrolados que hacian dar cuenta de su estado. Ellos sabían que Julián Andrés, había enloquecido.
-No todas las cosas las hize por voluntad propia, Andrés.
-Pudiste evitar sentir todo esto.
-Lo sé, pero tu siempre estabas ahí. Arañando mi conciencia con tu imagen egocéntrica, tratando de saberlo todo, tratando de negarme todo.
-Se sabe muy poco del todo y tu lo sabes muy bien.
-¿Lo ves? Siempre crees tener la luz, el raciocinio exacto para decirlo todo.
-No es eso Julián, aún no lo entiendes.
-¿Entender? ese es el caso, yo no quiero entender toda esta realidad absurda de sentidos y de principos.
-Por más que lo evites, sabes muy bien que no podrás. Toda la responsabilidad está ahora en tus manos enrojecidas...
-Pudiste evitar sentir todo esto.
-Lo sé, pero tu siempre estabas ahí. Arañando mi conciencia con tu imagen egocéntrica, tratando de saberlo todo, tratando de negarme todo.
-Se sabe muy poco del todo y tu lo sabes muy bien.
-¿Lo ves? Siempre crees tener la luz, el raciocinio exacto para decirlo todo.
-No es eso Julián, aún no lo entiendes.
-¿Entender? ese es el caso, yo no quiero entender toda esta realidad absurda de sentidos y de principos.
-Por más que lo evites, sabes muy bien que no podrás. Toda la responsabilidad está ahora en tus manos enrojecidas...
La habitación iba apropiando el olor de sus agajes, des sus ojos pardos que lo condujieron negruscamente a perderse en si.
-¿Ves lo que hiciste?. Su piel ahora va perdiendo el brillo que tanto amaste.
-¡Cállate! tú no entiendes y tampoco yo lo quiero hacer.
-Julián, debes de calmarte, es mejor apresurarnos y tratar de olvidar todo esto.
-¡Lo sé! ¡Lo sé! Pero no puedo hacer nada, mis manos tiemblan al rozar su cuerpo y ya no puedo verla a los ojos tan facilmente.
La habitación marchita, se incendiaba bajo el sol que escapaba de los ojos de un Julián afligido, que permanecía sentado, abrazando sus piernas tal vez destino que temblaban al rozar el viento sobre sus pupilas casi muertas, que esperaban el sentido de sus dedos tiznados de ese matiz rojo que iba oscureciando aún más su alma.
-Te advertí de todo esto; y tu lo sabes muy bien Julián.
-Supuse que me rentendrías para no hacerlo, por que tú tambien la amabas, pero claro tú siempre abandonándome cuando todo va perdiendo el control.
-Sabes muy bien que los dos la amábamos, pero tus actos no se excluyen a los mios. Supiste desde un principio que esto ocurriría, en realidad lo supimos los dos, pero tu no diste marcha atrás y yo no pude hacer nada.
-Tal vez fuiste tú el que ideo todo esto.
-No sabes lo que dices, todo esto te está confundiendo.
-Tienes razón, se sabe muy poco del todo. Y tú no das cuenta de eso.
-Julián, confundes las cosas demasiado rápido.
-¡Cállate! no vuelvas a pronunciar mi nombre. Crees saberlo todo pero en realidad no sabes lo que está pasando ahora.
-Te equivocas Jul... perdona, ambos sabemos lo que está pasando ahora.
-¡Cállate! no vuelvas a repetir una sola palabra. Siempre creiste que eras el inusitado, el pasmoso frente a todos. ¡Pero no! No eres mas que un simple remedo mio.
Los gritos desperados de un Julián irreverente, de no querer escuchar una sola palabra de Andrés; despertaron el ambiente de una tarde que escondía sus últimos fulgores dejando un aire adormecido que se hacía ya sentir.
Empezaron a tocar la puerta, y casi por instinto Julián sollozo en medio de su soledad, en medio de la habitación, en medio del dolor. Lloro en medio de ese destino que llevaba cuerpo y alma en sangre, que esparcida por los suelos vulneraba aún más sus ojos. De ese destino que el parecia ver desconocido pero que lleva aún el nombre de Sofía.
La policía forcejeo la puerta súbitamente, encontrando a Julián casi aturdido, que confundía sus plabras con los días, confundía a una Sofía aún viva y no ensangrentada por los delirios del que fue su amante. Lloraba y a la vez reía, preguntaba aún por ella, por la cena que aún servida se dejaba ver al fondo de la mesa. Julián solo gritaba el nombre de Andrés.
-¿Lo ves? ¡siempre es lo mismo! ¡Andrés me escuchas!. Sé que estás ahi no hace falta que te escondas, sé que puedes oirme, no eres más que un simple remedo de mi persona. Sí, eso es lo que eres. ¡un simple remedo mío!
Los agentes se encontraron con el cuerpo de Sofía, que aún no perdía el brillo que Julián tanto amaba. Confundidos escuchaban los gritos arraigados que Julían repetía.
-¡Andrés! ¿Por que te escondes?. ¿Tienes miedo? lo puedo sentir. ¡Andrés! ¿Donde estás? ¡Andrés!
Los agentes trataron de contener a Julián que arremetia contra todos; entre sollozos y risas, entre gritos descontrolados que hacian dar cuenta de su estado. Ellos sabían que Julián Andrés, había enloquecido.
miércoles, 6 de enero de 2010
Mnemósine
El sol iba ahogándose es sus manos, y los dos iban terminando de cerrar la hoguera de sus pensamientos. Se acercaban uno al otro a cada instante contemplándose, intentando abarcar esos grandes ojos que ella conducía hacia arriba y él, en un intento de anudarlos a los suyos los buscaba sin remedio. Intentaron callar pero fue imposible, las palabras escapaban de sus labios, iban surcando el cuarto, donde las historias quedaban grabadas en los muros, en esas marcas de angustia que arañadas por la desesperación, iban carcomiéndose en el color pardo que aún iluminaba el sol.
Escapaban del destino de sus dedos, de sus pasos, de cada instante, segundo donde ya no existan palabras y solo los movimientos bruscos que sus brazos iban arremetiendo contra sus cuerpos. Ella, aletargada por el tiempo intentaba seguir sus pasos en cada tramo que el olvidaba; no quería perderlo otra vez, no quería seguir abandonándolo más de lo debido. Y él, tratando de escapar de lo vivido, de toda la arrogancia, de dar sentido a cada paso repulsivo; en cada tramo que intentaba abrazar junto a si.
Fueron encontrándose en el pudor de sus sentidos donde intentaban arrebatarse uno al otro, arañaban sus cuerpos, que relejados por sus ojos veían caer todo de si a cada instante, donde encontraban impregnado el deseo de intentar escapar de todo, de todos. Y una vez más, intentarlo no era fácil pero si estaban juntos todo era más soportable.
Ella, dejando atrás las huellas que en cada espacio olvidaba y sólo le quedaba recordar, las palabras que él siempre olvidaba musitarlas al oído; en esta tarde -donde ella- desesperada se imponia sobre si y él, un tanto confundido intentaba no encontrarse en ese espacio, tratando de evitar todo el quebranto que horas más tarde dejaría sobre si, que dejaría extenuada en el letargo; entre sueños, entre viejos recuerdos, que él hoy prefiere incendiar.
Fueron encontrándose en el pudor de sus sentidos donde intentaban arrebatarse uno al otro, arañaban sus cuerpos, que relejados por sus ojos veían caer todo de si a cada instante, donde encontraban impregnado el deseo de intentar escapar de todo, de todos. Y una vez más, intentarlo no era fácil pero si estaban juntos todo era más soportable.
Ella, dejando atrás las huellas que en cada espacio olvidaba y sólo le quedaba recordar, las palabras que él siempre olvidaba musitarlas al oído; en esta tarde -donde ella- desesperada se imponia sobre si y él, un tanto confundido intentaba no encontrarse en ese espacio, tratando de evitar todo el quebranto que horas más tarde dejaría sobre si, que dejaría extenuada en el letargo; entre sueños, entre viejos recuerdos, que él hoy prefiere incendiar.
jueves, 3 de diciembre de 2009
Travesía del anarquista liado.
Las luces rojas acompañaban el vidrio sucio, eleve mis dedos y sin dudarlo alcé mis pasos dentro del bus. Todos los ojos caían sobre mí, como hienas que arrebatan sus lujurias sin pensarlo dos veces. Avancé tambaleándome por el escaso control de mi cuerpo adormecido; golpeé unos cuantos codos demacrados, amedrentados que se abrían según yo aceleraba el paso y los cabellos tímidos que se arremolinaban por el ambiente asfixiante del bus.
Encontré lugar donde sentarme, abrí la ventana y sentía como el viento abrazaba mi cabeza; y el bus casi por instinto, trepaba la ciudad por la Avenida Arequipa, donde la antipatía y la vehemencia eran común, como también era común esquivar cuerpos conformes, que deambulaban buscando luces donde dejar sus pies, donde olvidar sus mentes absurdas que a de pocos se iban ahogando en la ciudad. No tome importancia de lo absurdo d sus vidas y elegí dejarme llevar por las canciones del Mp3, lo encendí y cerre mis ojos...
The Doors - Riders on the storm
"Riders on the storm
Riders on the storm
Into this house we’re born
Into this world we’re thrown
Like a dog without a bone
An actor out on loan
Riders on the storm..."
Riders on the storm
Into this house we’re born
Into this world we’re thrown
Like a dog without a bone
An actor out on loan
Riders on the storm..."
Mientras me conducia en ese letargo, evadiendo toda situacion; los jinetes iban incendiándose en mi imaginacion, iban llevando consigo cerebros marchitos, torturados por el ras del suelo que esgrimían una sonrisa infiel que se iba incorporando entre sus cuerpos. Los jinetes iban inmolandose a cada paso de su cabalgar, en cada segundo, en cada instante. La respiración se acercaba mas y mas rápida, iban cercándome, acechándome, ejecutándome; sentía ya sus grandes manos ahogar mi cuerpo. Hasta que la confusión me regreso a la realidad.
Eran esos cuerpos muertos que reclamaban que el costo de sus vidas fueran mas llevaderos, que en sus tiempos no era asi, que Velasco no era asi, que el petróleo, que los modales, que la moral, que el respeto, que nada de lo que sucedía era asi. Y claro agobiado por tanto desconcierto baje del bus y opté por caminar, aunque fuera demasiado tarde.
Abandoné el bus y faltaban aún más de 2 cuadras para llegar a la Avenida Aviación. Caminaba y las luces iban consumiéndose en los techos, todo iba tomando un matiz oscuro que se me era reconfortable. Esforzándome por dar prisa a mis pasos y un poco confuso por el olor a alcohol que según avanzaba se iba haciendo presente en mí, intentaba recordar la excusa del por que me encontraba así adormecido, replegado, sin pasos ni sombras que dirijan mi tiempo. El intento fue vano y seguí presuroso por la acera, era demasiado tarde, tal vez todo haya empezado o tal vez culminado, no me importo y solo seguí surcando la avenida hasta que los grandes murales con escritos me dieron la bienvenida.
Encerre mis dedos sobre mi bolsillo y saque lo último que tenía, llegue hasta la boletería y entregando el nuevo sol para recibir a cambio un papel en blanco que me identificaba como el número 03419 y si, también era un dígito más que se arrastraba por los pasillos inventandos por 2 semanas. Recibí el papel con la numeración y confuso por mi estado pregunte donde presentaban el libro de Enrrique Verástegui y nunca encontré respuesta directa que me diera al lugar.
-Tiene que dar la vuelta en U y pregunte en el stand de color blanco, ahí le darán todo tipo de información.
Sin dudarlo un tanto agitado corrí y un poco lioso pregunté nuevamente en que sala presentaban el libro de Enrique Verástegui y vaya reespuesta la que me dieron.Eran esos cuerpos muertos que reclamaban que el costo de sus vidas fueran mas llevaderos, que en sus tiempos no era asi, que Velasco no era asi, que el petróleo, que los modales, que la moral, que el respeto, que nada de lo que sucedía era asi. Y claro agobiado por tanto desconcierto baje del bus y opté por caminar, aunque fuera demasiado tarde.
Abandoné el bus y faltaban aún más de 2 cuadras para llegar a la Avenida Aviación. Caminaba y las luces iban consumiéndose en los techos, todo iba tomando un matiz oscuro que se me era reconfortable. Esforzándome por dar prisa a mis pasos y un poco confuso por el olor a alcohol que según avanzaba se iba haciendo presente en mí, intentaba recordar la excusa del por que me encontraba así adormecido, replegado, sin pasos ni sombras que dirijan mi tiempo. El intento fue vano y seguí presuroso por la acera, era demasiado tarde, tal vez todo haya empezado o tal vez culminado, no me importo y solo seguí surcando la avenida hasta que los grandes murales con escritos me dieron la bienvenida.
Encerre mis dedos sobre mi bolsillo y saque lo último que tenía, llegue hasta la boletería y entregando el nuevo sol para recibir a cambio un papel en blanco que me identificaba como el número 03419 y si, también era un dígito más que se arrastraba por los pasillos inventandos por 2 semanas. Recibí el papel con la numeración y confuso por mi estado pregunte donde presentaban el libro de Enrrique Verástegui y nunca encontré respuesta directa que me diera al lugar.
-Tiene que dar la vuelta en U y pregunte en el stand de color blanco, ahí le darán todo tipo de información.
-"Buenas noches bienvenido a la 30 feria del libro que organiza..."
Yo un tanto impertinente rompí su tan proclamado discurso y reiteré mi pregunta de tan solo saber donde era la sala.
-A por supuesto busque en el catálogo, pagina 15.
Recibí el catálogo que era una especie de manual de instrucciones, que hacer, a donde ir, con quién ir, que libros comprar, que ver, hasta que por fin encointre lo que buscaba.
"Sala palabra del mudo"
Presentación de libro
Teorema del anarquista ilustrado de Enrique Verástegui
Participan: Ricardo González Vigil y Roger Antón Fabián.
Organiza: Zeta Bookstore.
Presentación de libro
Teorema del anarquista ilustrado de Enrique Verástegui
Participan: Ricardo González Vigil y Roger Antón Fabián.
Organiza: Zeta Bookstore.
Corrí con el catágolo en brazos preguntando donde quedaba la sala, hasta que mis ojos tropezaron con ella(la sala). Ingrese y el lugar se veía un tanto calmado, observe que nadie más ingresaba y todos se quedaban de pie. No hubo más opción que imitarlos; hasta que ella, tal vez sea la organizadora, me invitó a ingresar y sin dudarlo acepte dicha invitación. Busque asiento donde calmar mi confusión, pero todas andaban ocupadas a exepción de unas cuantas que se encontraban en primera fila. Opte por una que se encontraba en el último lugar.
Canse mi cuerpo y acomodándome en mi sitio sentía como la cabeza me daba vueltas en ese suspenso, en ese trance de arrepentirse de todas esas rezacas de amanecer con los ojos caídos y el cuerpo maniatado. Sentía como el alcohol barato que bebí se exitinguia por mi cuerpo; me sentía confuso como infiltrado en aquella sala. Todos atentos escuchando lo que el expositor escribía con su voz. Señores bien vestidos, trajes oscuros para no resaltar, lentes que brillban con el parpadear, rostros iluminados por el talco que marchitaba sus costumbres, ojos que se arrastraban atentamente; todos estaban en un trance, hipnotizados tal vez por las palabras o tal vez quien sabe que. Mientras yo sentado un tanto agitado, confuso con los zapatos arañados y el jean un tanto demacrado, pero no importo.
Era ya el turno de hablar de Enrique Verástegui y con la voz edificada, resonó una parte corta del libro. Mencionó psiquiatras, manicomios y otros demonios que radicalmente llevamos dentro.
Las personas un tanto tensas y nerviosas por tan extraña sensación de escuchar lo leído no atinaban mas que a sumarse a su silencio y estar atentos ante todos. Mientras tanto Enrique Verástegui acomodando la maleta que se sujetaba aún de sus hombros un tanto a escondidas iba acomodándola de a pocos sin importar que recalcitrara su cuerpo para luego avecinarse a cantar Himno a Paris, para despejar esos cuerpos tensos y preocupados que ocupaban la sala.
Entre aplausos que eximían las huellas de sus dedos todo terminó, cogí el libro y me acerqué para tal vez intentar estrechar la mano de él. Me acerqué y esquivando copas que se rapartían en el lugar esperé mi turno para poder saludarlo.
-Como te llamas, fue lo primero que escuché.
-Fernando.
-¿Y que haces por la vida?
-Aún no lo sé.
Y con una mirada desdeñosa, empuño el viejo lapicero que tenía entre dedos y lentamente escribió.
"Para Fernando que tiene el S. XXI, con afecto,
Enrique".
Canse mi cuerpo y acomodándome en mi sitio sentía como la cabeza me daba vueltas en ese suspenso, en ese trance de arrepentirse de todas esas rezacas de amanecer con los ojos caídos y el cuerpo maniatado. Sentía como el alcohol barato que bebí se exitinguia por mi cuerpo; me sentía confuso como infiltrado en aquella sala. Todos atentos escuchando lo que el expositor escribía con su voz. Señores bien vestidos, trajes oscuros para no resaltar, lentes que brillban con el parpadear, rostros iluminados por el talco que marchitaba sus costumbres, ojos que se arrastraban atentamente; todos estaban en un trance, hipnotizados tal vez por las palabras o tal vez quien sabe que. Mientras yo sentado un tanto agitado, confuso con los zapatos arañados y el jean un tanto demacrado, pero no importo.
Era ya el turno de hablar de Enrique Verástegui y con la voz edificada, resonó una parte corta del libro. Mencionó psiquiatras, manicomios y otros demonios que radicalmente llevamos dentro.
Las personas un tanto tensas y nerviosas por tan extraña sensación de escuchar lo leído no atinaban mas que a sumarse a su silencio y estar atentos ante todos. Mientras tanto Enrique Verástegui acomodando la maleta que se sujetaba aún de sus hombros un tanto a escondidas iba acomodándola de a pocos sin importar que recalcitrara su cuerpo para luego avecinarse a cantar Himno a Paris, para despejar esos cuerpos tensos y preocupados que ocupaban la sala.
Entre aplausos que eximían las huellas de sus dedos todo terminó, cogí el libro y me acerqué para tal vez intentar estrechar la mano de él. Me acerqué y esquivando copas que se rapartían en el lugar esperé mi turno para poder saludarlo.
-Como te llamas, fue lo primero que escuché.
-Fernando.
-¿Y que haces por la vida?
-Aún no lo sé.
Y con una mirada desdeñosa, empuño el viejo lapicero que tenía entre dedos y lentamente escribió.
"Para Fernando que tiene el S. XXI, con afecto,
Enrique".
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